Adicción a la cocaína

La cocaína produce un efecto similar al de las anfetaminas, pero es un estimulante mucho más potente. Se puede tomar por vía oral, inhalar en forma de polvo por vía nasal o inyectarse, por lo general directamente en una vena. Cuando se hierve con bicarbonato sódico, la cocaína se convierte en una base llamada crack, que puede ser fumada. El crack actúa casi tan rápido como la cocaína intravenosa. La cocaína intravenosa o inhalada produce una sensación de alerta extrema, de euforia y de gran poder.

Síntomas

La cocaína aumenta la presión arterial y la frecuencia cardíaca y puede provocar un ataque cardíaco mortal, incluso en atletas jóvenes y sanos. Otros efectos incluyen estreñimiento, daño intestinal, nerviosismo intenso, sensación de que algo se mueve por debajo de la piel (los bichos de la cocaína), lo que es un signo de posible daño nervioso, ataques epilépticos (convulsiones), alucinaciones, insomnio, delirios paranoides y conducta violenta. El consumidor abusivo puede representar un peligro para sí mismo o para los demás. Debido a que los efectos de la cocaína duran sólo alrededor de 30 minutos, el consumidor toma dosis repetidas. Para reducir parte del extremo nerviosismo causado por la cocaína, muchos adictos también consumen de manera abusiva heroína o alguna otra sustancia depresora del sistema nervioso, como el alcohol.

Las mujeres que se quedan embarazadas mientras son adictas a la cocaína son más proclives a sufrir un aborto que las no adictas. Si la mujer no sufre un aborto, el feto puede resultar dañado por la cocaína que, con facilidad, pasa de la sangre de la madre a la del hijo. Los niños nacidos de madres adictas pueden tener un sueño anormal y escasa coordinación. El gateo, la marcha y el uso del lenguaje pueden estar retrasado pero esto puede ser el resultado de deficiencias nutricionales, de un escaso cuidado prenatal y del abuso de otras drogas por la madre.

La tolerancia a la cocaína se desarrolla rápidamente con el uso diario frecuente. Las reacciones de abstinencia incluyen cansancio extremo y depresión (las opuestas a los efectos de la droga). Las ansias de suicidio surgen cuando el adicto deja de tomar la droga. Al cabo de varios días, cuando han vuelto las fuerzas físicas y mentales, el adicto puede intentar suicidarse.

Como con el uso intravenoso de heroína, muchas enfermedades infecciosas, incluyendo la hepatitis y el SIDA, son transmitidas cuando los adictos a la cocaína comparten jeringas sin esterilizar.

Diagnóstico

Se evidencia el uso de cocaína por la hiperactividad de la persona, las pupilas dilatadas y el incremento de la frecuencia cardíaca. La ansiedad y el comportamiento errático, grandioso e hipersexual son evidentes con el uso importante. A menudo se ve paranoia en aquellos que son llevados a un servicio de urgencias. El consumo de cocaína se puede confirmar con un análisis de sangre y orina.

Tratamiento

La cocaína es una droga de acción muy corta en el tiempo, por lo que una reacción tóxica puede que no necesite tratamiento. El personal médico de urgencias vigila de cerca a la persona para ver si se mantiene el efecto peligroso (peligro de muerte). Pueden administrarse fármacos para bajar la presión arterial o disminuir la frecuencia cardíaca. Se pueden administrar otros fármacos para frenar las convulsiones. Una fiebre muy alta puede requerir también tratamiento.

La abstinencia de un consumo de cocaína de larga evolución requiere una supervisión de cerca porque la persona puede volverse depresiva y suicida. Puede ser necesario ingresarla en un hospital o en un centro de tratamiento de toxicomanías. El método más eficaz para tratar el abuso de cocaína es el asesoramiento y la psicoterapia. A veces los trastornos psicológicos frecuentes entre los adictos a la cocaína, como la depresión y el trastorno maniacodepresivo, se tratan con antidepresivos o con litio.

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